Desde la década de 1890, Estados Unidos ha sido la economía más productiva del mundo. Y a partir de la Segunda Guerra Mundial se erigió como la potencia geopolítica dominante. Ahora, por primera vez, un estadounidense también lidera la confesión religiosa más grande del mundo. Conocido por los católicos como el Vicario de Cristo, el papa está a la cabeza de una institución con más de 1.400 millones de fieles.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró la elección del cardenal Robert Francis Prevost –estadounidense de ascendencia española, francesa y africana– como el papa León XIV–, sucesor de Francisco.
“Es un gran honor saber que él es el primer papa estadounidense”, dijo Trump. “¡Qué emoción y qué gran honor para nuestro país! Espero con ansias reunirme con el papa León XIV. ¡Será un momento muy significativo!”, añadió.
En gran medida, el papa León XIV ha mantenido sus opiniones políticas en privado. Sin embargo, su defensa por los pobres y los inmigrantes, su elección de un nombre papal vinculado al liderazgo progresista en la Iglesia, y sus publicaciones previas en redes sociales que fueron críticas hacia la política estadounidense, sugieren que está alineado a la postura más abierta del papa Francisco.
El catolicismo está desempeñando un papel cada vez más destacado en la política de EE.UU. bajo el Gobierno de Trump, con la fe influyendo en las opiniones de sus principales asesores. De hecho, el vicepresidente J.D. Vance, converso al catolicismo, ya se reunió con el papa estadounidense, describiéndolo como “extremadamente amable”.
Sin embargo, algunos columnistas destacados y aliados de Trump han insinuado un complot en el Vaticano, sugiriendo que el cónclave eligió a Prevost como una medida para contrarrestar el movimiento “Estados Unidos Primero” (America First, en inglés) en Washington y más allá.
“Nadie sabe exactamente por qué el Colegio Cardenalicio eligió a este papa estadounidense, pero se puede especular que lo vieron, o lo ven, como un contrapunto a las tendencias menos indulgentes o menos tolerantes de la política estadounidense, particularmente el presidente Trump”, explica Matthew Bryza, exdiplomático estadounidense y también originario de Chicago y de fe católica.
Bryza ve en el papa León XIV una antítesis al Gobierno de Trump, que utiliza el comercio y los aranceles para presionar a otras naciones, con “llamados a que Estados Unidos sea la prioridad, sin preocuparse por los demás. El cónclave papal puede haber respaldado a este otro estadounidense que no defiende un “EE.UU. primero”, sino una “humanidad primero”, sin importar las tendencias ni las fronteras”.
Presidente vs. pontífice
En una reacción similar a la de Bryza, Gerard Baker, columnista británico-estadounidense católico del diario The Wall Street Journal, escribió: “El estadounidense más famoso del mundo ahora comparte el escenario global con un compatriota muy diferente y quizás más trascendental”.
Aunque Baker reconoce que la elección de Prevost se basó en méritos, agrega que “sería ingenuo pensar que los cardenales tomaron esta decisión histórica sin ninguna conciencia de lo que significa para un mundo cautivo por un líder estadounidense volátil y absorbente de atención”, refiriéndose a Trump.
El mandatario de EE.UU. ha prometido hacer que su país sea “más religioso que nunca”. Sin embargo, Baker duda que su visión de la religiosidad coincida con la del nuevo papa, quien lidera no a 240 millones de estadounidenses, sino a 1.400 millones de católicos en todo el mundo.
Otros analistas sugieren que la elección de un papa estadounidense durante el segundo mandato de Trump difícilmente sea una coincidencia. Los cambios drásticos en la política nacional e internacional del presidente, desde la migración hasta los aranceles, así como su crítica a la Unión Europea como “más desagradable que China”, han generado muchos cuestionamientos entre los aliados tradicionales de Occidente.
“¿Pudieron los cardenales haber estado haciendo un argumento implícito de que existe otro camino estadounidense?”, preguntó Stephen Collins, periodista sénior de CNN, en referencia al enfoque diferente del papa León XIV en temas como la inmigración y la justicia social, en comparación con Trump. Muchos consideran que León, el nombre elegido por el nuevo pontífice, sugiere que desea emular a León XIII, un claro defensor de la justicia social conocido por “Rerum Novarum”.
“Sería superficial argumentar que la elección de León es una reprimenda directa al trumpismo”, escribe Collins. “Pero es imposible ignorar la maestría del Vaticano en la alta política, perfeccionada durante siglos, mucho antes de que nacieran Estados Unidos”, dice el periodista en referencia a los casi 2.000 años de historia de esta confesión cristiana y de su supervivencia desde la Reforma hasta el Modernismo.
Algunas figuras del movimiento “Make America Great Again”, como Steve Bannon, ya están expresando su preocupación. Bannon, católico practicante y exasesor de Trump, insinuó una posible “fricción” entre el nuevo pap y el presidente, y mostró su sopresa ante que “un tipo pudiera ser elegido papa con el historial de publicaciones en Twitter y declaraciones que ha hecho contra políticos estadounidenses de alto nivel”.
Y en cuanto a Moscú…
La elección de León XIV también podría causar incomodidad en Moscú, según el exdiplomático Bryza. En ese sentido, compara la situación con Karol Jozef Wojtyla, arzobispo de Cracovia, en la entonces comunista Polonia, quien se convirtió en Juan Pablo II. Fue el primer papa no italiano desde el siglo XVI, en un mundo profundamente dividido en 1978, cuando la brecha entre las democracias de libre mercado lideradas por EE.UU. y el bloque comunista liderado por la Unión Soviética era más marcada.
Juan Pablo II brindó impulso al movimiento de solidaridad anticomunista en Polonia, señala Bryza, el cual en 1989 llevó a unas elecciones democráticas que derribaron el sistema comunista del país, seguidas apenas dos años después por el colapso de la Unión Soviética.
“Putin no estará complacido de que ahora un estadounidense lidere la organización religiosa más grande del mundo”, remata Bryza.
Dada la tendencia soviética y rusa a considerar la correlación de fuerzas en el mundo –desde lo económico hasta lo político y, a veces, hasta lo espiritual– que se mueven a favor o en contra de Moscú, Putin, un exespía de la KGB, podría inclinarse a pensar que “quizás la correlación de fuerzas se está inclinando en contra de Moscú con esta elección de un papa estadounidense”, explicó Bryza a TRT World.
El nuevo pontífice ofreció sus buenos oficios para abordar la guerra entre Ucrania y Rusia, una propuesta respaldada por Trump, apelando tanto a Putin como a Zelenskyy “con todo su corazón” para negociar la paz.
Michele Dillon, experta en catolicismo y decana de la Universidad de Nueva Hampshire, afirma que el papa León XIV continuará la tradición del Vaticano de una diplomacia activa. Y no solo en Europa, sino también en Oriente Medio.
Influencia en el rumbo del catolicismo de EE.UU.
Más del 20% de los estadounidenses se identifica como católico, lo que convierte a esta confesión en la denominación religiosa individual más grande del país, según el Centro de Investigaciones Pew, una organización no partidista.
El nuevo papa podría tener una influencia considerable sobre una parte significativa de los estadounidenses, según Bryza. “Aunque el protestantismo es la fuerza predominante en EE.UU., tiene demasiadas subdivisiones, a diferencia de los católicos romanos”, añade.
Aunque una ligera mayoría de los católicos estadounidenses se inclina hacia el Partido Republicano, la comunidad es políticamente diversa, y ambos presidentes católicos, Kennedy y Biden, han sido demócratas.
“Los protestantes son más numerosos, pero su diferenciación significativa entre las corrientes principales –evangélicas e históricamente afroestadounidense protestantes– constituye minorías distintas”, explicó Dillon a TRT World. “Los católicos, en cambio, están organizativamente unificados”, añadió.
Aunque los católicos estadounidenses estarán “entusiasmados e incentivados” por la presencia de un papa originario de Chicago, esto no conducirá a un cambio radical en las percepciones religiosas dentro de EE.UU., predice Bryza. Sin embargo, “la enorme integridad moral” del nuevo papa ofrece una mejor alternativa, no solo para los católicos estadounidenses, sino también para otros ciudadanos, frente a la política divisiva de Trump, concluyó el exdiplomático.
Otros van más allá. También creen que León XIV representa una realidad más profunda sobre la influencia universal estadounidense, que usualmente se asocia con intervenciones militares, Wall Street y Hollywood.
Christopher Hale, ejecutivo de una organización católica sin fines de lucro, escribe que la elección de León XIV marca un punto de inflexión simbólico en cómo se percibe la influencia global de Estados Unidos.
“Esto es más que un triunfo católico: es un hito cultural”, dice Hale. “En una sociedad que a menudo equipara la influencia con el poder, el dinero o la fama, nuestro representante global más destacado es ahora un hombre humilde con túnicas blancas, predicando amor, justicia y misericordia”.